Miguel de Liechtenstein

Michael Engel Maximilian Alexander Maria von und zu Liechtenstein

El peligro de los crímenes del odio

Se pensaba que la rabia estaba controlada, aquella enfermedad  contagiosa,  que afecta al sistema nervioso central  causando encefalitis aguda con una letalidad que era cercana al 100 %  -siendo la zoonosis viral conocida más antigua-había desaparecido de nuestro psique colectivo hace años. Sin embargo, la mordida de un perro a un joven ciclista hace un tiempo nos hizo pensar que, si bien pretendemos que ciertos fenómenos están controlados y en algunos casos extintos, esto no siempre es así.

En forma semejante a lo anterior, observamos que hoy afloran los síntomas de una enfermedad que se pensaba extinta en las democracias del mundo. Una enfermedad que también es aguda y contagiosa, que también tiene un componente de rabia, pero que está compuesta en su mayoría por violencia e intolerancia y cuyas consecuencias tienen una letalidad cercana al 100%. Esta alteración no solo daña al sistema nervioso central de la sociedad, sino que destruye su capacidad de actuar y pensar correctamente. Todos estos son síntomas inequívocos de que el tejido social está en crisis. Esta enfermedad es el nazismo en las muchas formas que se puede manifestar.

¿Cuál es el desarrollo progresivo de la sintomatología?

La aparición hace un año de una escuela de arte neonazi en el sur del país y la actual presencia de un “supuesto partido nazi” en Chile evidencian que no hemos generado los anticuerpos suficientes para considerarnos una sociedad libre de tan dañina enfermedad Lo oscuro de ella es que precisamente su extremismo exacerbado, el neonazismo, se alimenta tanto de la intolerancia pasiva (el albergar odio a todo aquel que es diferente a los estándares propios sin manifestarlo) como activa. Esta última es reflejada en xenofobia, racismo, homofobia, antisemitismo, entre otros, nutrida por actos y expresiones abiertamente discriminatorias al diferente, al vulnerable y al marginado. En definitiva, el objetivo de esta enfermedad es atacar la convivencia pacífica y democrática entre las personas.

Así, observado, el neonazismo no es atribuible a un solo  país o grupo específico, sino que es una manifestación que en cada país adopta características propias y su meta es eliminar todo lo que le es diferente y ajeno, Es decir, dentro de Chile existen grupos que no quieren a aquellos que no son considerados por ellos, bajo sus estándares como chilenos. Y para dicha finalidad, el fin ciertamente justificaría los medios

Es precisamente este contexto el caldo de cultivo para los crímenes del odio. No se trata de atentados contra las personas provenientes de una estructura jerarquizada mediante un cierto monopolio de la fuerza; sino que, siendo el odio al diferente la suficiente motivación para atacarlo, su ataque se produce la mayoría de las veces de las formas más ignominiosas.

Claramente la amenaza de la proliferación de los denominados crímenes de odio (particularmente de corte xenófobo, homófobo o religioso) atenta contra las aspiraciones esenciales de éste país; como su enfoque de inmigración abierta, la diversidad social y el respeto hacia la pluralidad de personas y realidades que conforman Chile, pues es la diversidad la mayor virtud de nuestras sociedades modernas. Del mismo modo, no se condice con los compromisos internacionales adquiridos por el país en materia de protección de Derechos Humanos esenciales.

Es por ello que, frente a estos síntomas de la enfermedad y el peligro de repetir la historia, se vuelve indispensable el tomar todas las medidas mitigadoras y preventivas posibles. Por una parte, el poder ejecutivo está desarrollando una serie de políticas en orden a fortalecer los valores de la igualdad y la no discriminación. Por otra parte, el poder legislativo está despachando proyectos de ley como el que tipifica los delitos de incitación al odio o a la violencia en contra de cualquier sector de la población, proyecto que la Fundación Sin Odio ha impulsado, promovido y mejorado de forma metódica y sistemática y finalmente, la sociedad civil está tomando conciencia de las nefastas consecuencias que produce la discriminación arbitraria y las expresiones de odio desde sus más extremas manifestaciones (como el neonazismo) y como ellas pueden y deben ser combatidas, hasta las más cotidianas que mellan las relaciones de convivencia democrática entre todo y todas quienes conformamos éste país.

Así como las enfermedades pueden ser erradicadas y, en caso de resurgir, deben ser combatidas fuertemente; de la misma forma aquellos fenómenos negativos que nos aquejan como sociedad deben reactivar nuestro sistema inmunológico social, encontrándonos lo suficientemente alertas y preparados para combatirlos, protegiendo los valores esenciales de tolerancia, respeto e inclusión que nos permitan preservar este país y proyectarlo hacia el futuro.